PAZ Y BIEN

ASAMBLEA PARROQUIAL

21-III-2009

 

“La misión tiene sus raíces, especialmente, en una buena formación”

Benedicto XVI

 

 

I-     El Concilio Vaticano II, Fuente Inspiradora de la Renovación Pastoral

Cada año nos reunimos al comenzar nuestra actividad, un momento, que deseo sea de reflexión y de proyección apostólica de la vida parroquial, para seguir asumiendo aquellos desafíos que están a nuestro alcance y poner en manos del Dios los que superan la naturaleza y los límites de una comunidad parroquial.

Vamos a compartir el tema de la Pastoral Orgánica, de la que nos hablaba ya, Pío XII al dirigir una exhortación a los párrocos y predicadores de Roma en 1955; afirmando: “Para que pueda realizarse una sabia ordenación de las fuerzas hay que evitar sobre todo el individualismo.

Cuando por una parte se observa el fervor de tantas iniciativas, en las que nadie se detiene, nadie disminuye el paso, nadie se escatima, y por la otra hay que reconocer que los efectos no son los que tanto empleo de energía y tanta abnegación haría prever, surge la duda sobre si no se combate acaso demasiado por si solo, demasiado desligados y desunidos”.

Fieles al Magisterio de la Iglesia, deseamos caminar a la luz del Concilio, que es la “gran gracia” de la que la Iglesia se ha beneficiado en este tiempo. Intentamos caminar como peregrinos orientados por la “brújula segura” que nos ha ofrecido el Concilio,  caminar como discípulos misioneros (cfr. Juan Pablo II, NMI 57) (cfr. Doc. Aparecida).

Nuestro tiempo está marcado, informado –aunque muchos a veces no tengamos conciencia– por este auténtico Pentecostés, del que afirmaba Pablo VI: “… es la obra principal, por la que queremos dar todas las energías que el Señor nos ha dado” (Disc. Apert. C.V.II 29-IX-1963).

A pesar de los 40 años transcurridos de su clausura, nuestro tiempo sigue siendo tiempo de posconcilio, en él se nos exige una visión clara y amplia, solidez de nervios y adhesión simultánea de fidelidad a la doctrina y de adhesión a la realidad.

La doctrina del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia debe transformarse en una mentalidad común para los sacerdotes y laicos: “una nueva sicología eclesial, una nueva mentalidad” (Pablo VI). Debemos aceptar el desafío de estar ante “una gran prueba histórica” (Homl. de Juan Pablo II en Santo Domingo). Debemos aceptar que “la tarea de comunicar las reales afirmaciones del Concilio a la conciencia eclesial y de plasmarla a partir de estas, está todavía por realizar” (Card. Ratzinger, “La mia vita”).

Muchas veces hemos reflexionado sobre el programa del Concilio que con tanta clarividencia Pablo VI expresó en la Ecclesiam Suam, y que son los presupuestos básicos de la Pastoral Orgánica.

1-   La autoconciencia de la Iglesia

La Iglesia está llamada a lograr una “exacta” y “mejor autoconciencia” (Disc. de Juan Pablo II a los obispos del CELAM. 12-08-1984.), solo así ella podrá “proyectarse realísticamente hacia el futuro” (Id.) solo recuperando su propia identidad podrá generar el proyecto pastoral de una nueva evangelización (cfr. Line. Past.).

2-   La reforma de la Iglesia

Hay un clamor, casi un grito: Reforma “in capite et in membris” –que traspasó los siglos– del organismo eclesial. Pablo VI, como Cardenal, dijo que el Concilio “ha difundido la expectativa de un rostro nuevo de la Iglesia, que exige una renovación interior  y exterior: la primera consiste en una obra íntima de santificación y la segunda supone dejar caer toda conducta y manifestación defectuosa para que se de un primaveral despertar de inmensa energía espiritual y moral, casi latente en el seno de la Iglesia, con el propósito de un auténtico rejuvenecimiento; procurando conservar y ejecutar la virtud pastoral de la Iglesia(Pablo VI, homilía de sus coronación 30-06-1963 cfr. EN 76).

Debemos entender que la reforma no se hace de cualquier manera, con cualquier criterio. “Hay quienes quieren –decía Pablo VI– una nueva filosofía, y quienes dicen: tiempos nuevos y quienes se atreven por último a decir (…) lo haremos nosotros, nosotros somos los arquitectos de la Iglesia nueva! Y aquel primer arquitecto que ha dicho: “Aedificabo Ecclesiam mea”.

Algunos proclamaban sin pudor “¡faremo da noi!” – “lo haremos a nuestro modo” (Pablo VI, Cerdeña 24-IV-1970).

Hermanos, así no se edifica ni se reforma la Iglesia de Cristo, mis criterios pastorales, deben ser los de la Iglesia, ¿qué dice Ella, qué dice el Magisterio?, esto es lo importante.

3-   La unidad de la Iglesia

Este fue un tema que estuvo en el corazón de Juan XXIII y del Concilio desde el momento del anuncio de la convocatoria hace 50 años en San Pablo Extramuros; y que Juan Pablo II destacara como uno de los retos del momento pues, se van sumando “las divisiones eclesiales con evidente escándalo en la comunidad cristiana” (Disc. id.). Y Pablo VI ya señalaba, como uno de los grandes males de la evangelización, a la falta de unidad por ruptura producida dentro de la Iglesia (cfr. EN 77).

En definitiva, en la unidad se juzga la eficacia de la tan deseada nueva evangelización; de ello depende que el mundo crea: “que sean uno… para que el mundo crea” (Jn. 17-21). Y San Pablo nos recuerda: “Ustedes son una sola cosa en Cristo” (Gal. 3,28).

4-   El diálogo

La Iglesia desea entablar con el mundo un diálogo de salvación, “con un inmenso deseo de ofrecer al hombre de hoy el mensaje de amistad, de salvación y de esperanza, que Cristo ha dejado en el mundo. Lo sepa el mundo: la Iglesia lo mira con profunda comprensión, con sincera admiración, con leal propósito no de conquistarlo sino de servirlo; ni de despreciarlo sino de valorizarlo; no de condenarlo sino de confortarlo y salvarlo” (Pablo VI, Disc. de Apertura de la II etapa del Concilio. 29-09-1963).

Las famosas y no siempre recordadas, y puestas en práctica “líneas pastorales para la nueva evangelización:”, nos recuerdan que “para desarrollar en la nueva etapa evangelizadora la dimensión misionera de la Iglesia, será conveniente, asumir decididamente un espíritu y estilo de diálogo” (LP 3,5).

 

II-    La Iglesia Misterio de Comunión y la Pastoral Orgánica

Hay un principio filosófico: “el hacer sigue al ser”  que nosotros podemos aplicar a la Iglesia en su ser y en su obrar.

Los Padres conciliares, al desarrollar el medular tema de la Iglesia, acuden a un texto de San Pablo (Ef. 1, 3-14), que es la base para contruir los número 2-4 de la Lumen Gentium, “este texto sintetico del apostol contiene la verdadera clave de bóveda bíblica de la eclesiología conciliar” (G. Barosina “La Iglesia del Vaticano II. I,4”).

En L.G. 2-4, “el Concilio ha relacionado su concepción de la Iglesia con el misterio más fundamental del cristianismo. La Iglesia del Vaticano II es la Iglesia de la Trinidad” (Id.).

Pero la imagen bíblica más profunda y más sintética para expresar las relaciones íntimas de la Trinidad con la Iglesia, es indudablemente la del Cuerpo Místico de Cristo, por el que se expresa la unión orgánica que une la Cabeza y los miembros, el principio supremo de cohesión y de unidad que la anima es el Espíritu Santo en persona; ¿cómo entonces el accionar de la Iglesia puede ser atomizado, cuando no anárquico?

En la antigüedad, de manera ortodoxa pero inusitada, Tertuliano afirmaba: “donde los tres, a saber: el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, allí está la Iglesia que es el cuerpo de los tres” (De Bapt, 6).

Desde esta verdad, desde este misterio, debemos plantear la pastoral orgánica; por eso, Pio XII afirmaba que “el individualismo apostólico más que una falta de docilidad o error técnico es un error doctrinal (Congreso de los obreros en Versailles 1957).

El Magisterio reciente es, en torno a este tema, abundante y de una gran riqueza, indudablemente son frutos del Concilio. En primer lugar tenemos la Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi”, a la que algunos llaman la Carta Magna de la Evangelización, en la que encontramos los contenidos y el método de la nueva evangelización. En segundo lugar la “Tertio Milenio Adveniente”, “joya de la pedagogía pastoral” dirá Mons. C. Gianquinta.

Por último la carta apostólica “Novo Milenio Ineunte”, en la que Juan Pablo II desarrolla el corazón de la pastoral orgánica: la espiritualidad de comunión, afirmando que sin ella, “de poco servirán los medios externos de la comunión. Se convertirán en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expansión y crecimiento” (NMI 43,2).

Juan Pablo II nos señalaba también que “el gran desafío que tenemos ante nosotros en este milenio que comienza es la espiritualidad y la práctica de la pastoral de comunión (NMI 43,1)

1-   La espiritualidad de comunión

Esta espiritualidad fundamentalmente trata de “hacer de la Iglesia la casa y escuela de comunión” (NMI 43,1). Esto supone proponer esta espiritualidad como principio educativo para toda comunidad (cfr. NMI 43,2).

Según el pensamiento del Papa, esta “casa” y esta “escuela” necesitan de un conocimiento acabado de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y, en especial, de la Constitución Apostólica “Lumen Gentium”. En efecto, la pastoral de comunión brota claramente de las enseñanzas del Concilio, Al que Juan Pablo II y Benedicto XVI proponen volver a leer y dar a conocer ya que “a medida que pasan los años, aquellos textos no pierden su valor y esplendor” (NMI 57,1). Esta vuelta a las fuentes del Concilio no es solo un deseo sino que tiene algo de mandato (cfr. NMI 57,1; TMA 36,5; 20,2).

Este camino indudablemente es estrecho, supone conversión, un cambio de mentalidad para superar todo personalismo, atomización, evitando las descalificaciones, los prejuicios y tensiones entre comunidades y movimiento, entre sacerdotes y laicos; todo esto debilita, la pastoral solidaria y el sentido social de nuestra pastoral; haciendo trabajoso el desarrollar una pastoral orgánica y de conjunto.

Para construir y proyectar una pastoral de comunión, debemos tener una mirada del corazón que nos purifique y nos inspire:

a-    La “mirada del corazón” a  la Santísima Trinidad

La clave de la espiritualidad de la comunión –no podría ser de otra manera– es la “mirada del corazón” al misterio de la Trinidad. Esta contemplación cordial es la base de la pedagogía de comunión, de “la escuela de comunión”, que es razón de ser de la Iglesia. Nosotros somos y nos movemos desde el seno de la Trinidad (ver canción). Este es nuestro ambiente vital. Y a esta Santa Trinidad tenemos que acudir para comprender el misterio del amor en la diversidad.

b-    La “mirada del corazón” hacia nuestro prójimo

Juan Pablo II es sumamente explícito al tocar este punto, afirmando que la “espiritualidad de la comunión” significa capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico y, por tanto, como “uno que me pertenece”, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para ofrecerles una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un “don para mi”, además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin –agrega el Papa–,   espiritualidad de la comunión es saber “dar espacio” al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cfr. Gal. 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidia (los clásicos “trepadores”) (N.MI. IV, 43).

Esta conducta reprobatoria y diabólica, es muy grave por el daño que causa al espíritu de comunión (ver la Asamblea del 2007).

c-    La “mirada del corazón” hacia la Iglesia

La mirada del corazón a la Santísima  Trinidad consiste también en lograr una mirada diferente hacia la Iglesia, con sus grandezas y debilidades, con su historia santa y con su historia de pecado. Tal “comunión” significa pasar de considerarla “la” Iglesia a sentirla como “mi” Iglesia; signo evidente de ser consciente de mi pertenencia a Ella, que me ha enseñado lo que soy y en la que hoy enseño a los que vienen. La Iglesia que sueño y la Iglesia que me desvela; aquella que me ha llamado y me ha consagrado para dar en ella mi vida entera. ¡Mi Iglesia! ¡Nuestra Iglesia!”, de la que Pablo VI afirmaba: “… siempre la he amado; fue su amor que me sacó de mi avaro y selvático egoísmo y me llamó a su servicio; y fue por ella, y no por otra cosa me parece haber vivido” (Pensamiento sobre la muerte).

¡Nunca lo dudemos, –cada uno de nosotros y todos juntos– somos Iglesia del Señor!

2-   Una Pastoral de Comunión

Continuando con el pensamiento de Juan Pablo II, “si verdaderamente hemos contemplado el rostro de Cristo, nuestro programa pastoral se inspirará en el mandamiento del Señor” (NMI 42,1); esto “técnicamente” se define como “caridad pastoral”, y habrá que “poner un decidido empeño programático, ya que en la comunión se encarna y manifiesta la esencia misma del Magisterio de la Iglesia(NMI 42,3).

En un mundo, una sociedad y una cultura que produce fracturas como “úlceras”, fractura de la fraternidad entre los hombres, fractura en las familias, en definitiva, ante un mundo roto, quebrado aunque paradojalmente globalizado y con deseos de vanidad, es necesario que los cristianos proclamemos con gozo, fe y esperanza firme,  que Dios es comunión y llamó a todos los hombres a que participen de la comunión trinitaria.

Todos conocemos la bella expresión del Señor: “la cosecha es abundante y los trabajadores son pocos, rueguen al Señor de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt. 9,38); de esta manera Jesús nos convoca a cosechar juntos; de los contrario, el que no recoge con Él, desparrama (cfr. Lc. 11,23).

Debemos entender que en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, “la unidad de los miembros y el vínculo de la caridad constituyen un perfecto estado de perfecta salud” (San Agustín Sermón 137,1).

Por último, es necesario que proclamemos que la Iglesia es signo e instrumento de la comunión querida por Dios, iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección en la plenitud del Reino (cfr. E. Am. 33,1).

Debemos vivir y actuar desde la certeza que Dios es comunión y nosotros también. De ahí la urgencia de convertirnos a la comunión, y con valor proclamar que la comunión es el proyecto magnífico de Dios.

3-   Caminar con esperanza

La realidad del Mundo, de nuestra Patria, y también algunas veces de la Iglesia, puede sembrar en nosotros la desesperanza.

Cuando se cerró la Puerta santa del Jubileo, el Papa Juan Pablo II nos invitaba a “dejar más abierta que nunca la Puerta Viva que es Cristo” y lanzarnos con la intrepidez de San Pablo, a la misión de anunciar la esperanza que brota del Evangelio.

Por último recordemos que “la fuerza de este anuncio de vida –que es la evangelización– será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda la actividad misionera” (DA 363).

Encomendemos este año de trabajo parroquial al servicio del Evangelio a la Santísima Virgen, la Purísima, “estrella de la Nueva Evangelización (….) aurora luminosa y guía de nuestro camino” (NMI 58,2).

 

“Fe, Fidelidad y Confianza; esto necesita hoy la Iglesia

                                                                                                     (Pablo VI)

 

 

 

 

P. Roberto Juan González Raeta

 

 

 

     G. in D.


 

 

 

 

Contenido

 

 

 

I-     El Concilio Vaticano II, Fuente Inspiradora de la Renovación Pastoral

1-   La autoconciencia de la Iglesia

2-   La reforma de la Iglesia

3-   La unidad de la Iglesia

4-   El diálogo

 

II-    La Iglesia Misterio de Comunión y la Pastoral Orgánica

1-   La espiritualidad de la comunión

a-    La “mirada del corazón” a  la Santísima Trinidad

b-    La “mirada del corazón” hacia nuestro prójimo

c-    La “mirada del corazón” hacia la Iglesia

2-   Una Pastoral de Comunión

3-   Caminar con esperanza

 

 

 

 

 

 


Monte Grande

2009