BREVE RESEÑA DE LA VIDA DE ISABEL LA CATÓLICA

Y SU INFLUENCIA EN AMÉRICA

 

Prof. Verónica Irabedra de Colombo

 

INTRODUCCION:

 

Con miras al Bicentenario de la Revolución de Mayo (1810-2010), surgió la idea de acercarle a la

Comunidad un breve trabajo que nos permita entender  nuestro pasado, identificarnos con él en nuestro

presente  y comprender cuál es nuestra misión como cristianos de aquí en adelante.

Bajo el lema Memoria, Identidad, Misión  y Pertenencia tienen origen una serie de trabajos de

investigación de quienes, humildemente,  nos dedicamos a la tarea de hacer Historia.

En tiempos en que la  inmediatez de los medios de comunicación nos conducen a la progresiva

declinación de la educación, y sólo importa lo que está por venir y no lo que aconteció, creemos que

detenernos a reflexionar sobre aquellos que hicieron de la evangelización una forma de vida, nos invita

como cristianos a reflexionar sobre nuestro hacer y que podamos, tal vez, tomarlos como modelo a imitar

con las variantes que el siglo XXI impone.

Ciertamente,  consideramos que es posible que de un buen saber y aprender, pueda surgir un correcto

obrar.

En esta ocasión, nos acercaremos a conocer un poco más profundamente a quien fue una figura

emblemática de la modernidad europea: Isabel de Castilla, más conocida como Isabel La Católica.

Su vida, consagrada a la política de su reino pero con profundo sentido religioso, la convirtió en una de

las figuras más importantes de su tiempo.

Isabel fue una gran Humanista e impulsora del Catolicismo en sus posesiones.

América gozó de su influencia y su consideración ya que, hasta en el momento de acercarse su muerte,

tuvo en cuenta a los habitantes de estas regiones dejando expresamente en su Testamento, su voluntad de

que sus sucesores tengan buen trato con los habitantes de América.

Su hacer cristiano se vio reflejado en su vida como madre, reina y evangelizadora.

Su acción fue reconocida por innumerables historiadores, por investigadores que hoy, habiéndose

cumplido quinientos años de su muerte, trabajan para lograr su canonización.

Incluso, el Papa Juan Pablo II, reconoció su obra al expresarse frente al embajador español ante la Santa

Sede de la siguiente manera: “ España aportó al Nuevo Mundo los principios del Derecho de Gentes (..) y

puso en vigor un conjunto de leyes con las que la corona Castellana trató de responder al sincero deseo de

la Reina Isabel I de Castilla de que sus hijos, los indios,(..) fueran reconocidos y tratados como seres

humanos con la dignidad de hijos de Dios.”(J.P.II, al embajador de España ante la Santa Sede,

18/XI/1992).

Quiera Dios, fuente de la verdad y auténtica Sabiduría, que esta pasión por la

Historia pueda despertar nuestros corazones. Y que, comenzando el tercer milenio,  podamos transmitirla

tal como lo expresan aquellas palabras de la Sagrada Escritura que se refieren a la

Sapientia Summa: “Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus

riquezas porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de

Dios.”(Sab.,7,13-14)

                                                                                                      

 

Prof. Verónica Irabedra de Colombo

 

 

 

CAPITULO I: INFANCIA DE UNA PRINCESA

 

Poco se sabe de la infancia de Isabel. Las fuentes y crónicas que datan de aquella época no hacen

demasiada referencia a los primeros años de vida de la reina. Incluso, durante bastante tiempo, se dudó

del día y lugar de su nacimiento hasta que algunos documentos reveladores pudieron fijar con exactitud

esos datos.

Fue fruto del segundo matrimonio de Juan II de Castilla con Isabel de Portugal, quien era considerada

entonces como la mujer más esplendorosa de la familia real portuguesa. Este matrimonio, como la

mayoría en aquella época,  fue un arreglo político. La corona de Castilla poseía una fuerte deuda con

Portugal que debía saldar y la mejor manera de hacerlo era mediante un acuerdo matrimonial.

En este contrato, Isabel de Portugal se hacía poseedora de algunos territorios  y  posesiones que

pertenecían a la Corona Castellana y de este modo se aseguraba el pago de la deuda.

En aquel tiempo, el amor, venía después.... a veces.

Así fue que la bella Isabel de Portugal contrajo matrimonio con el rey Juan II de Castilla en Madrigal, de

las Altas Torres, en las cercanías de Ávila,  el 22 de julio de 1447.

De aquel matrimonio nacería la futura reina de España,  Isabel de Castilla.

El día de su nacimiento no podía ser más significativo: se produjo el 22 de abril de 1451, jueves santo, en

la villa de Madrigal , lugar donde su madre se había recluido el último tiempo de su embarazo y que le

pertenecía gracias al acuerdo matrimonial.

A diferencia de lo que podría imaginarse, la residencia de la reina en Madrigal, no era un palacio real sino

 

una modesta construcción de ladrillos, de paredes lisas y pequeñas habitaciones encaladas y de techos

bajos.

Tal era su modestia, que aún hoy esa propiedad es conservada como convento de religiosas agustinas a

quienes fue donada en el año 1525 por el emperador Carlos V, nieto de Isabel la Católica.

En la tradición española, el jueves santo, es uno de los días más significativos de la semana santa y que

Isabel haya nacido justamente ese día, es considerado por algunos autores católicos españoles

providencial ya que relacionan este hecho con todo lo que Isabel hizo por el catolicismo durante su vida,

y que bien le valió el título de Isabel la Católica.

Tuvo dos hermanos: Enrique,   mayor que ella, (quien era en realidad su hermanastro, fruto de un

matrimonio anterior de Juan II) y Alfonso, unos años menor que falleció a la corta edad de quince años.

En 1454, queda huérfana al ser su padre tristemente ejecutado y se traslada junto con sus hermanos  a

Arévalo. Allí vive desde los tres a los diez años, educada con el amor de su madre y guiada

espiritualmente por los franciscanos.

 

La sucesión al trono de Juan II:

 

Al morir, Juan II delega la sucesión al trono en su hijo mayor Enrique y especifica que en caso de no

dejar éste descendencia legítima, masculina o femenina, la corona pasaría a su hijo menor, Alfonso.

En caso de fallecer Enrique y también Alfonso, sin dejar hijos o hijas legítimos, los reinos recaerían en su

hija Doña Isabel y sus descendientes.

Este testamento es la primera consideración que el rey hace hacia su hija ya que aún siendo Alfonso

menor que Isabel, lo antepone como sucesor.

Como se verá más adelante, quiso Dios que otro fuese el destino y que finalmente Isabel se alzara con la

corona de Castilla pese a la voluntad del fallecido monarca.

En el mismo testamento, Juan II deja la educación de sus hijos a su madre la reina pero con acuerdo y

consejo de dos importantes humanistas que influyeron mucho en la vida de Isabel: Lope de Barrientos y

Gonzalo de Illescas. La presencia de ambos consejeros fue fundamental ya que al poco tiempo, afectada

por la muerte de su esposo, Isabel de Portugal cayó larga y gravemente enferma , afectada por la locura, y

ya nunca se recuperó.

 

 

 

CAPÍTULO II: LA ADOLESCENCIA Y JUVENTUD DE ISABEL:

ETAPA DE TORMENTAS POLÍTICAS

 

Tal como se había dispuesto,  Enrique IV asume el trono de Castilla y en 1461 con apenas diez años,

Isabel y su hermano Alfonso son llevados a la corte de su hermano.

Este la dota de rentas, mercedes y una villa en Casarrubios del Monte. La relación entre los tres hermanos

es muy amena y estrecha.

Los nobles opositores al nuevo rey, deseaban restarle poder y en un dudoso hecho llamado “Farsa de

Ávila”, deponen a Enrique IV y  nombran rey de Castilla al joven Alfonso con la intención de ejercer

gran influencia sobre él y su reino. El motivo que alegaron era que Juana, hija de Enrique y su segunda

esposa Juana de Portugal, era ilegítima al ser fruto de los amores de la reina con el valido Beltrán de la

Cueva. Por eso la llamaban la Beltraneja, mote con el que aún hoy es históricamente reconocida.

Enrique no había tenido hijos con su primera esposa y por eso, mediante una dispensa papal, pudo

contraer nuevamente matrimonio con la princesa portuguesa. Tardó ella siete años en dar a luz a su única

hija y por eso los nobles tenían serias sospechas de que Juana fuese la legítima heredera al trono.

De este modo se desató una guerra civil entre grupos partidarios de Enrique IV y aquellos que se le

oponían. Al morir prematuramente el príncipe Alfonso, el mismo grupo de nobles proclamó a Isabel

como la heredera al trono, pensando que ella sería aún más fácil de dominar que su hermano.

Así, Isabel se vio enfrentada primero a su hermano y luego a su sobrina (de quien era madrina de

Bautismo) por el trono de Castilla.

Finalmente, mediante el Tratado de los Toros de Guisando, Enrique reconoce a su hermana como legítima

heredera al trono, confirmando la ilegitimidad de su hija.

En la noche del 11 al 12 de diciembre de 1474, Enrique fallece sin dejar testamento.

El tratado firmado con Isabel la reconoce como sucesora....

De este modo, fue proclamada reina en Segovia el 13 de diciembre de 1474 y aunque Juana siguió          

reclamando sus derechos y continuó la guerra civil, todo culminó con la firma del Tratado de Alcazobas

en 1479, momento en el cual Isabel ya estaba firmemente asentada en el trono

Qué sucedió finalmente con Juana? Luego de varios años de frustrados reclamos, optó por hacerse clarisa

en el monasterio de Santa Clara de Coimbra ; la documentación no hace hincapié en su entrada y

vestición pero se sabe que comenzó su noviciado el día 5 de noviembre de 1479 y que a partir de esa

fecha se disponía al año siguiente a emitir la profesión religiosa.

 

 

 

 

 

SU MATRIMONIO CON FERNANDO DE ARAGÓN

 

Sostiene Tarsicio de Azcona en su obra “Isabel la Católica, estudio crítico de su vida y su reinado”:

“Resulta difícil conocer el alma de Isabel para precisar hasta dónde eligió ella libremente su destino o se

lo impuso la  (...) situación en la que se hallaba...”(ob. Cit., pág. 141).

A la hora de consumar su matrimonio, varios fueron los candidatos presentados para llevar a cabo una

buena alianza política.

Finalmente se decidió por Fernando de Aragón a quien no conocía pero de quien tenía información muy

precisa gracias a los emisarios que circulaban entre uno y otro reino.

Fernando era un muchacho apuesto y valiente y el casamiento con él aseguraría la unión de los dos reinos

más importantes de la Península Ibérica: Castilla y Aragón.

En ese entonces, España no estaba unida tal como la conocemos ahora.

La Península Ibérica se dividía en cinco reinos: Castilla, Aragón, Granada, Navarra y Portugal. La

alianza de dos de los cinco reinos fue el comienzo de la unificación española que, tiempo más tarde

llevaron a cabo los Reyes Católicos, exceptuando a Portugal que siempre se mantuvo como un reino

independiente.

La ceremonia religiosa se llevó a cabo en Valladolid el 19 de octubre de 1469 y a pesar de que todo

estaba pensado y concertado bajo el signo de un agudo oportunismo político Isabel y Fernando

demostraron ser uno de los matrimonios reales más sólidos de su época.

Si bien Isabel poseía mayor poder que Fernando por ser sus posesiones más grandes y sus súbditos más

numerosos, mal se cree que la reina tomaba mayores decisiones o que el rey no era consultado al

respecto. Una frase que el común de la gente recitaba por las calles sostenía que  “Tanto monta, monta

tanto, Isabel como Fernando” en clara alusión a la igualdad de poder que representaban ambos monarcas,

en los dos reinos.

Tardaron algo más de ocho años en tener descendencia ya que recién en junio de 1478, la reina dio a luz a

su primogénito varón llamándolo Juan en honor a sus dos abuelos, materno y paterno, y a San Juan el

Bautista, el precursor de Jesús... La corte y los reinos castellanos pusieron gran ilusión en el nacimiento de

un hijo varón, que venía a resolver fácilmente el problema sucesorio cuando llegase el momento.

Pero este falleció tempranamente a los dieciocho años y Dios premió a los reyes con la llegada de una hija

mujer a quien bautizaron Juana.

 

 

LA OBRA DE GOBIERNO Y LA ELABORACIÓN DEL ESTADO ESPAÑOL MODERNO

 

En la obra de gobierno del estado español, existen dos posturas bien marcadas. Por un lado, los coetáneos

exaltaban preferentemente el valor de la reina, mientras que por el otro, los teóricos posteriores ven en

Fernando el genio de gobierno y la ciencia política. De cualquier modo, todos reconocen la capacidad de

Isabel quien entre sus jóvenes veinticinco y treinta años, no sólo logró ganar activamente una guerra, sino

organizar sus reinos como si fuese una perfecta estadista.

Por supuesto que en su preparación tuvieron gran influencia sus maestros a quienes ya nos hemos referido

más arriba, pero además Isabel supo gobernar bajo la guía de Dios  y en el ejercicio de la virtud de la

justicia.

Vivió su reinado como un servicio laical, dedicada a una piedad cargada de oraciones.

Políticamente, acrecentó el poder de la realeza, sentó las bases de un poder absoluto y llevó a cabo la

creación de un estado moderno.

Una de sus primeras obras fue lograr la unificación de España llevando a cabo la conquista de Granada en

1492 que se encontraba bajo el poder de los árabes desde la Edad Media. Los Reyes Católicos tuvieron

que considerar la seria dificultad que significaba unificar un reino con la existencia de tres religiones

distintas: para ese entonces convivían en todo el territorio español, cristianos, judíos y musulmanes.

La medida impuesta fue entonces proponer a los judíos y musulmanes convertirse al catolicismo o

abandonar el territorio. Gran cantidad optó por la conversión, algunas reales y otras no tanto ya que en el

interior de sus viviendas seguían practicando sus religiones. Otros optaron por abandonar el país.

Algunos, incluso, desde su tibia conversión comenzaron a conspirar contra el gobierno, motivo por el cual

los Reyes Católicos tomaron la medida de expulsarlos definitivamente y así lograron afirmar la unidad no

sólo territorial (anexando Granada y Navarra) sino también espiritual y moral.

En esta etapa de unificación debemos destacar dos personalidades sobresalientes que influyeron  sobre los

reyes: Fray Francisco Ximenez de Cisneros y Fray Hernando de Talavera. Ellos fueron fundamentales en

la mayoría de las decisiones que tomaron los reyes con respecto a la nobleza y a la Iglesia española.

 

 

El Título de Reyes Católicos:

Este asunto no fue resuelto personalmente por el Papa sino que se planteó y discutió en consistorio en

diciembre de 1496. Los Cardenales allí reunidos partieron de los precedentes, y se discutieron varios

títulos, como ser “religiosos, defensores y protectores” . Finalmente se definieron por el de “Católicos”  y

el Papa mandó a que se extendiese la bula correspondiente.

Vale notar que el título es otorgado a ambos monarcas y lo recibieron por su acción en la unificación de

España, la expulsión de los judíos, la conquista del reino moro de Granada y la colaboración prestada a

los estados pontificios.

 

 

EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA. LA EVANGELIZACIÓN DEL NUEVO MUNDO

 

Muchos historiadores entienden el descubrimiento de América como la inauguración de la época de los

descubrimientos y hacen de este hecho un fenómeno aislado, obra de un genio solitario que con su sólo

esfuerzo y visión, amplía en 1492 el Mundo Conocido. Esta visión no es del todo correcta ya que en

realidad Colón es uno de los últimos eslabones de una cadena que se inicia en el siglo XIII, cuando las

Cruzadas despiertan el interés del hombre europeo por la geografía y el acceso a elementos desconocidos

por ellos hasta ese entonces.

Colón es económicamente ayudado por los Reyes Católicos quienes también le aportan hombres para la

empresa. Así, el tres de agosto de 1492 parte con sus tres carabelas en busca del paso que le permitiera

llegar a la India para comerciar sin imaginar siquiera que lo que encontraría sería un nuevo continente.

Colón no salió a la búsqueda de América sino más bien es América la que entra en su vida y en la de

España planteándole el desafío de emprender la inmensa labor de conquistar, colonizar y evangelizar un

mundo absolutamente desconocido para ellos.

Gracias a cinco bulas otorgadas por el Papa Alejandro VI (de origen español) los Reyes Católicos

pudieron formalizar su dominio sobre los nuevos territorios. Ellas fueron: la Inter cetera I concediendo a

los reyes todas las tierras descubiertas o por descubrir ,la  Inter cetera II, similar a la anterior, la Eximie

devotionis, extendiendo a los monarcas derechos sobre la expansión marítima similares a los que tenía

Portugal, la Piis fidelium, sobre la obligación impuesta a los reyes de enviar misioneros para evangelizar

las nuevas tierras y la Dudum siquidem ampliando facultades de la Inter cetera II

Sería sumamente largo exponer aquí los detalles del descubrimiento y la colonización de América.

Además no es ese el espíritu de este trabajo. Simplemente enfocaremos el sentido misional de la

conquista y la intervención decisiva que para dicho fin tuvo Isabel La Católica.

La Reina Isabel, como gran humanista que fue, tuvo una activa participación en la situación jurídica y

legal de sus nuevos súbditos. Antes de cumplirse dos años de la partida de Colón en su segundo viaje a

América, y habiendo enviado éste a un grupo de indios para ser vendidos como esclavos, los reyes por

real cédula, evitan que se los vendan de esa forma. Tal actitud deja vislumbrar la intervención de los

confesores de los reyes, pues según ellos respondía a un problema moral.

De esta manera los reyes demostraron su convicción de que los habitantes del Nuevo Mundo debían ser

considerados vasallos capaces de adoptar la fe cristiana y, por lo tanto, hombres libres.

A poco menos de siete años del descubrimiento, en 1501 la Corona define una política indígena en la cual

se establece que los indios “sean bien tratados como nuestros súbditos y vasallos”, siendo el deseo de los

monarcas “que se conviertan a nuestra santa fe católica y sus ánimas se salven”. Para ello se ordena que

“sin les hacer fuerza alguna” los religiosos les enseñen y los sancionen “con mucho amor, de manera que

lo más presto que se pueda se conviertan; y para ello daréis todo el favor y ayuda que menester sea... ”      

( Instrucciones al comendador Fray Nicolás de Ovando, 16 de septiembre de 1501).

La Iglesia que llegó a América estaba integrada por misioneros de todas las Órdenes  Religiosas que

llevaron a cabo una importantísima labor civilizadora.

En 1503 a instancias de Doña Isabel, se dio una serie de instrucciones para el gobierno de América donde

ya se ve estrechamente vinculada la evangelización con la instrucción, la difusión del catolicismo y el

desarrollo de la cultura.

En este documento se trata de combatir al nomadismo, de forjar en el indio un sentimiento de solidaridad,

la idea de formar un hogar y una familia y dotarlos de normas de civilización. Además se disponía una

persona  en cada pueblo para que velara por el cumplimiento de estas nuevas órdenes y evitara que los

indios fueran objeto de abuso.

La doctrina católica tendía a elevar al indio y colocarlo al mismo nivel que el español, porque para ella

basta la persona humana para establecer la igualdad de los hombres .Pero no todos los españoles estaban

preparados para asumir esa igualdad.

Lamentablemente, las grandes distancias entre España y América jugaron muchas veces en contra para el

efectivo cumplimiento de las órdenes reales y, en el océano Atlántico se “lavaban” dichas instrucciones,

por lo cual fue muy difícil el cumplimiento de las buenas intenciones de los monarcas y la acción de los

monjes.

La Reina igualmente trabajó con mucho afán dictando órdenes y cédulas reales que impidiera que muchos

españoles guiados por la codicia, buscaran su provecho mediante la explotación del indio.

Desde la Iglesia, fue exponente importante en las denuncias de estos abusos,  el monje dominico

Bartolomé de Las Casas, y junto a él alzaron su voz  Fray Antonio de Montesinos y Fray Francisco de Victoria.

Los resultados obtenidos en esta primera etapa, con la acción de los misioneros no fueron en vano. Hacia 

el final de la vida de Isabel, varios miles de nativos se habían integrado al catolicismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL LEGADO DE LA REINA

 

El 25 de noviembre de 1504, casi llegada la media noche, fallecía en Medina del Campo la Reina Isabel a

la edad de cincuenta y tres años.

En su testamento nombró su heredera a su hija Juana, casada con Felipe el Hermoso. Como Juana

presentaba signos de perturbación mental, Isabel agregó una cláusula estableciendo que el rey Fernando

sería regente hasta que su nieto Carlos (hijo de Juana y Felipe) cumpliera la mayoría de edad.

Antes de morir tuvo una mirada especial para con América y sus súbditos y en su testamento demuestra

su interés por el futuro del Nuevo Mundo y de sus pobladores.

En uno de sus puntos expresa que: “por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas las islas e tierra firme

del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos

al Papa Alexandro Sexto (...) de procurar inducir e traer los pueblos de ellas a les convertir a nuestra santa

Fe Católica (...) por ende suplico al Rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la dicha

Princesa mi hija y al dicho Príncipe, su marido (...) que pongan mucha diligencia y que no consientan ni

den lugar que los indios vecinos y moradores de dichas Indias y tierra firme, ganadas e por ganar, reciban

agravio alguno en sus personas e bienes. Mas manden que sean bien e justamente tratados; y si algún

agravio han recibido, lo remedien (...)” (Testamento y codicilo de Isabel la Católica, cap. XII)

Está enterrada en la Capilla Real de Granada, construida por su nieto Carlos V, junto a su esposo

Fernando, su hija, Juana y el esposo de ésta, Felipe.

 

APRECIACIÓN FINAL:

 

Tanto en España como en América, se impulsa desde hace unos años, y cada vez con más fuerza, la

propuesta de la Beatificación de Isabel la Católica.

Existen varios motivos para hacerlo.

Su formación religiosa, su coherencia entre sus convicciones y su obrar, pero fundamentalmente su

caridad y su fe fueron líneas que rigieron toda su actividad como reina y como mujer.

En cada uno de sus actos tiene presente el dogma del catolicismo y no lo olvida en ningún momento, ya

que existen sobradas muestras de que cada uno de sus actos estaba de acuerdo con sus convicciones

religiosas.

El historiador Luis Suarez Fernández, especialista en la historia de los Reyes Católicos, miembro de la

Real Academia de la Historia y Premio Nacional de Historia 2002 es uno de los impulsores de la

beatificación de Isabel y sostiene como parte de su fundamento que “Isabel hizo del catolicismo la clave

fundamental para el reconocimiento de los derechos humanos en España y América”.”Fue mujer antes

que reina. Aplicó el sentido de la feminidad, la intuición, el afecto, la capacidad comprensiva, en todas

sus empresas.”(Suárez Fernández, L. Reportaje realizado en España, año 2004)

Seguro es que, una de las obras más importantes que Europa ha hecho,  fue participar en la creación de la

Naciones Americanas, en quienes está el futuro, “el Nuevo Mundo”, y eso se debe básicamente al empeño

que puso la reina Isabel en traer a estas tierras lo que para ella tenía más valor: el cristianismo.

Es fundamental destacar en su figura, la preponderancia que tuvo en su misión evangelizar por sobre

Colonizar.

La Historia está hecha por hombres y mujeres algunos de los cuales, como Isabel, supieron encontrarle  

verdadero sentido cristiano a sus vidas siendo protagonistas de su tiempo .Todos podemos tomar esos

ejemplos y vivir nuestras vidas dándole algún sentido...

 

Comentando el Génesis, Pico de la Mirándola, pone en boca de Dios estas palabras dirigidas a un Adán

que puede ser cada uno de nosotros: “Yo te he colocado en el centro del mundo para que puedas ver

mejor lo que en el mismo ocurre. Tú no eres ni divino ni terrestre, mortal o inmortal, hasta el punto que

como tu propio Creador, puedes formarte como desees. Tienes el poder de caer al nivel de los brutos y de

renacer en un orden más elevado o divino, según tu propio juicio...” 

 

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

DE AZCONA, TARSICIO: “ISABEL LA CATOLICA. Estudio Critico de su vida y su reinado”,                            

(Biblioteca de autores cristianos, Madrid, España, 1964)

CROUZET, MAURICE: “HISTORIA GENERAL DE LAS CIVILIZACIONES. La Edad Media”

(Volumen III, Ediciones Destino, Barcelona, España, 1977)

SIERRA, VICENTE: “HISTORIA DE LA ARGENTINA. 1492-1600.”  (volumen I Editorial Científica

Argentina, Buenos Aires, Argentina, 1964)

WWW.ISABEL LACATOLICA.COM. Aspectos sobre su beatificación.

SAITTA ARMANDO: “GUÍA CRÍTICA DE LA HISTORIA MODERNA” (FCE, México, 1996)

PARRY, JOHN: “EUROPA Y LA EXPANSIÓN DEL MUNDO 1415-1715” (Fondo de Cultura Económica, FCE, México, 1986)