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PAZ Y BIEN
Santos:
Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo
El
17 de noviembre del año mil novecientos setenta y dos se celebró por primera
vez en toda
Este
es el caso de los Mártires del Plata, que habían sido beatificados en 1934, año
del Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, para que tuviéramos patronos
de nuestra misma tierra. Roque González de Santa Cruz fue el
fundador de Yapeyú, Encarnación (donde hoy está Posadas), Concepción (en
Corrientes), Santa Ana (luego Itatí), etc. Alonso y Juan fueron brillantísimos
estudiantes cuando se fundaba la primera universidad Argentina. Pero la verdad
es que los argentinos no supimos honrar como correspondía a esas brillantes
figuras de nuestra historia.
En
realidad, no había llegado el momento que Dios tenía reservado. Ahora, en
cambio, su figura resulta actualísima, como PERSONIFICACIÓN DE LAS DIRECTIVAS
QUE
Inquietud
social.
Una de las inquietudes
actuales es la PROMOCIÓN HUMANA. Esa fue también la ocupación de los
misioneros. Sacar de la barbarie a aquellos indios hasta levantarlos a la vida
civilizada. Enseñarles a manejar las herramientas, a cultivar la tierra,
comerciar, respetar las exigencias de la higiene.
Roque
González fue el gran urbanista de las reducciones. El pueblo de san Ignacio, en
el Paraguay, que él construyó con sus manos, fue como el modelo para las demás
reducciones guaraníes.
Allí
estaba equilibrado lo social, familiar y privado. Aunque todos trabajaban el
campo común, tenían también su parcela familiar. Los caciques conservaban su
autoridad, aunque también se añadían ciertos elementos de la organización
hispana. En un museo de Buenos Aires se puede admirar un bello cuadrito de
Alonso
Rodríguez, en la única carta que de él conservamos, escrita tres meses antes
del martirio, nos muestra esa misma inquietud que tienen nuestro jóvenes más
generosos cuando van a misionar en el interior o en las villas de emergencia:
“Al presente estoy en este Paraná, aunque volveré dentro de poco al Uruguay,
que es grande la mies en aquellas partes. El P. Castillo entrará dentro de
quince días a un pueblo nuevo de Ijuhí. Once son las reducciones entre el
Paraná y el Uruguay, y sólo cuatro tienen con qué pasar, bien pobres y
tasadamente, y a esta causa se pasa mucha pobreza y trabajo en todo, pero todo
con gusto, por el bien de estos pobres”. Y al final añade: “Créame que es el
camino más seguro y donde se halla más presto a Dios”.
Integración
latinoamericana.
Desde
la fundación de CELAM,
Juan
del Castillo entre sus estudios de filosofía y teología, que realizó en
Córdoba, ejerció el magisterio en Chile y más tarde solicitó al Superior
General de los Jesuitas volver allí para siempre, aunque no lo consiguió,
porque fue destinado a lo que es hoy el
sur de Brasil, con un breve paréntesis en Asunción, para reparar su salud. Con
razón, pues, los paraguayos los llaman, MARTIRES DEL PARAGUAY, porque Roque
nació en Asunción y los jesuitas llamaban a toda esta región Misión del
Paraguay; los brasileños los llaman MARTIRES RIOGRANDENSES, porque murieron en
lo que hoy se llama Río Grande do Sul;
los argentinos y uruguayos les llaman
MARTIRES RIOPLATENSES, porque siempre misionaron en la gobernación del Río de
Roque
González fue insigne PACIFICADOR. Cuando descendía por primera vez el río Uruguay,
encontró 400 indios en pie de guerra, que venían en canoas para enfrentarse
contra otra tribu. El misionero arengó a aquellos salvajes que jamás habían
visto a un blanco, los amansó e hizo volver a sus tolderías.
Defensa
del oprimido.
Claro
que ser defensores de la paz y de la mansedumbre no significa apañar la
opresión de los débiles. Los misioneros tomaron actitudes bien definidas en
defensa de los indios, por las cuales muchos poderosos querían hacerlos
expulsar. Roque Gonzáles escribe así al gobernador interino de Asunción, que –
por otra parte – era su hermano: “No es de ayer sino muy antiguo a esos señores
encomenderos y soldados quejarse contra
Con
mayor energía tuvieron los misioneros que liberar a los indios de la opresión
en que los sumían los HECHICEROS. Refiriéndose a 1613, en el pueblo de san
Ignacio Guazú, dice el mismo Roque: “Entre los que han sido bautizados este
año, unos 120 adultos estaban unos antiguos hechiceros. De ordinario son viejos
esta clase de gente. Sus hechicerías mayormente son farsa y meras amenazas de
herir a los indios con saetas envenenadas. Deseaban ser bautizados, abjurando
ellos su arte falsa y venenosa, confesando que eran farsantes y embaucadores,
que se habían servido de artes diabólicas; por lo cual pidieron perdón y
entregaron las herramientas de su mentiroso arte, para que fueran quemadas”
No
es extraño que de ahí surgiese la muerte de los misioneros. El cacique
principal de Concepción, que fue uno de los que tomaron prisioneros a los
matadores, nos cuenta, en un manuscrito que se halla en le Archivo General de
Así, el 15 de noviembre de
1628 mataron a Roque y Alonso, en un pueblo que había sido comenzado dos
semanas antes. El 17 hicieron lo mismo con Juan del Castillo.
Inserción de
Otras de las líneas
actuales de la pastoral es
En América Latina semejante
adaptación no encontró graves objeciones. Por eso nuestro folklore está
impregnado de reminiscencias misioneras, y las prácticas religiosas
tradicionales impregnadas de folklore. Que el método fuese pastoralmente eficaz
lo prueba la pervivencia de la fe en nuestros criollos, a pesar de que quedaron
casi desprovistos de evangelización durante siglos.
Para ambientarnos en esa
metodología, saboreemos esta descripción de un bautismo comunitario, tal como
nos lo cuenta el Padre que estaba entonces colaborando con Roque en el pueblo
de san Ignacio:
“Entraron los catecúmenos
en
Más conocido es el caso de
la fiesta de Corpus, que Roque González extendió por nuestra Mesopotamia. Para
la procesión procuraba que las enramadas, los pájaros, las fieras atadas, los
vistosos atuendos, las danzas y canciones, todo rindiera homenaje al Rey de
Catequesis.
No
hace falta insistir en que los misioneros fueron antes que nada
EVANGELIZADORES. Dedicaban muchas horas al ministerio de la palabra, activando
la catequesis, seriamente fundada en
Antes
de ser jesuita, cuando lo nombraron párroco de Asunción, escribió al Cabildo
una nota de su puño y letra, que se encuentra en el Archivo General del
Paraguay: “Con la remisión que hasta ahora ha habido en esta ciudad de que se
nombre una persona que doctrine a los muchachos hijos de españoles, hay muy
poca doctrina en ellos, y en los más ninguna, y por esta falta son incapaces de
que se administren con ellos los santos sacramentos de
Los
niños y jóvenes eran, por supuesto, su mayor afán. En ellos tenía puestas sus
esperanzas de una cristiandad floreciente y civilizada. Los tenía divididos en
equipos de diez, con sus respectivos capitanes, que se mantenían en contacto
con el misionero. Su Provincial, describiendo el método catequístico de Roque,
entre otras cosas dice: “Al anochecer, al toque de campana, se juntan en seis
grupos y cantan, lo mismo como en
Modelos
para hoy.
En todo lo que hemos ido
viendo resalta una conclusión Roque Gonzáles y sus dos jóvenes compañeros son
para nosotros la personificación del programa de Medellín: promoción cultural,
integración latinoamericana, defensa de las clases oprimidas, espíritu
comunitario, adaptación al mundo de hoy. Tal como ellos lo realizaron, esto no
es un mero humanismo o una sociología, sino un magnífico programa de santidad.
Oración.
Jesucristo, Señor y
Salvador nuestro, que elegiste a nuestros hermanos Roque González, Alonso
Rodríguez y Juan del Castillo como compañeros tuyos en el trabajo de anunciar a
los hombres tu Reino y enseñarles el camino para llegar a ser verdaderos hijos
de Dios:
Te damos gracias, porque
con el poder del Espíritu Santo les hiciste dedicar toda su vida al servicio de
los más necesitados. Les diste un corazón fuerte en la adversidad y valiente
ante los poderosos.
Haz que nos sintamos
responsables de la fe que Roque y sus compañeros sembraron en nuestra tierra.
Que sepamos hacer crecer esta fe en el corazón de cada uno de nosotros y de
nuestros hermanos. Que trabajemos con verdadero espíritu de servicio para
construir una sociedad justa, en la que nos amemos de veras los unos a los
otros y nos preocupemos de ayudar a los más necesitados.
Así construiremos contigo tu reino, como lo hicieron
Roque, Alonso y Juan, mientras esperamos tu segunda venida, en la que se
consumará esta transformación, manifestando el poder y la gloria de Dios, en
toda la creación renovada por Ti, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y
reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
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